lunes, 25 de octubre de 2010

Cuaderno Digital Estelar: Capítulo3: Travesía 05. "Eva" Frío estelar.

Lunes, 25 de octubre de 2010: 15:15pm.
Órbita de Saturno:Periodo de rotación, ecuatorial.
Inclinación axial: 26,73°
Albedo: 0,47



Hoy me he despertado cansado, somnoliento y frío. Congelado en realidad. Mi cuerpo tiritaba a una velocidad de frecuencia tal que de tener alas, podría  haberme suspendido en el aire como un Colibrí. La gravedad artificial con la que estaba dotada mi nave, impediría ese agradable vuelo no obstante.Tras esterilizarme en el habitáculo unipersonal, acondicionado para tales menesteres como el aseo personal y otras necesidades fisiológicas, me dirigí hacia la sala de control y comprobé que todos los sistemas  de refrigeración, funcionaban correctamente.
11º constantes, durante todo el sueño. 18º en estos momentos para compensar la diferencia térmica que se registra, trás el descenso de la actividad biológica que experimentamos al dormir y salir del interior de la "cúpula de descanso",. Es en este receptáculo o vaina biológica, donde el navegante cósmico restablece sus sistemas vitales.
Todo estaba en orden y funcionando al 100% de rendimiento.Los más de 6 millones de sensores que  posee mi vehículo interestelar, no detectaron anomalía alguna. Velocidad estable y todos los sistemas mecánicos, en perfecto estado. Al igual que el reposo diario que recibía mi cuerpo, La "Peregrina" reducía sus constantes vitales al mínimo, una vez cada 24 horas de vuelo, durante un periodo equivalente a la duración de mi sueño.  En ese espacio de tiempo, los circuitos y archivos de memoria efectúan un proceso de autochequeo, comprimiendo los datos más antiguos y purificando la información dañada. Aprovecha también, en el caso de que detectara el más mínimo error, para solucionar cualquier pequeño problema ocasional, de simetría algorrítmica o de control de estabilidad.
Nada era inusual, todo estaba en orden y de existir algún tipo de filtración del exterior que hubiera dañado el casco de mi nave, todos los escudos defensivos, "El campo mágnetico"  y la "membrana de luz", hubieran reflejado ese dato, en la celda de registros del ordenador de abordo.
 Pero antes incluso de que esto se produjera, las alarmas conectadas en los depósitos de oxígeno, hubieran saltado y hubieran inducido automáticamente mi propio despertar y el del navío, sellando el interior, con la gelatina anti incendios que también servía de aislante o parche, en el caso de que se abriera alguna brecha en en la estructura.
No había razón alguna para preucuparse y sin embargo, no estaba tranquilo, no me encontraba bién.
Sentado frente a la pantalla orbital del cuadro de mandos, activé las funciones secundarias de La peregrina. La voz de "Eva" me sacó de mis pensamientos.
-¡Buenos días!...Dr.Martins.
-Buenos días Eva. La voz electrónica del ordenador de abordo, dulce y perfecta recreación de la más bella melodía "femenina" que era capaz de generar una máquina, me resultó esta vez hierática, fría y distante. "Ella" notó mi indiferencia.
-¿Se encuentra bién, Capitán?.-La verdad es que no.-Respondí lacónico.
-Ajústese al protocolo 4 de medicina asistida, inclínese en el asiento hasta colocarse en  posición de chequeo. Procederé inmediatamente, a realizarle un completo análisis de sus constantes vitales.
-Bién.-Respondí.
El sillón de control de la sala de mandos, estaba dotado con el más sofisticado instrumental médico y conectado al ordenador central, a Eva. Era aquí donde pasaba la mayor parte del día y era realmente práctico y eficaz, efectuar las exploraciónes pertinentes de todo mi biorritmo y estado de salud en general, en ese lugar y de forma periódica. Lectura ocular, pulsómetro, sudoración y análisis de sangre y orina, si esto fuera necesario. También efectuaba un electroescanner cerebral, un Tak emocional y una completa radiografía de mi estructura, tanto física como molecular. Era mi médico personal y los resultados, diarios y semanales, seguían un estricto protocolo, constante y regular.
Los datos arrojados por el cerebro artificial de Eva, no reflejaron anomalías significativas. Al igual que La peregrina, estaba en perfectas condiciones físicas y mentales. A excepción de un pequeño pero importante detalle.
Algunos niveles neuroquímicos, estaban alterados.
El cerebro humano funciona de un modo similar a un automóvil, con líquidos llamados neurotransmisores. Al igual que un coche, necesita del líquido de frenos, el aceite o el "anticongelante" para un perfecto funcionamiento de su motor. El cerebro humano, emplea neurotransmisores.
Algunos nos aportan energía, como la adrenalina, algunos controlan los movimientos del cuerpo (la dopamina), y otros controlan el estado de ánimo.
La serotonina es el “aceite” del cerebro, es un neurotransmisor de acción lenta que se asocia con el sueño, el apetito, la energía y el estado de ánimo. Si fuerzas el motor de tu cerebro, este se sobrecalienta, produciendo un desgaste emocional, similar a lo que ocurre, si fuerzas el motor de un coche.
El resultado de los análisis que había realizado Eva, no dejaban lugar a dudas. Estaba sufriendo los síntomas típicos de la depresión, en su estado embrionario. Los desórdenes en el sueño y que mi cuerpo no termoregulara con normalidad, eran consecuencia directa de mi padecer y sabía perfectamente, cual era el motivo que lo generaba, aunque me costara reconocerlo.
El frío cósmico que había abrigado mis viajes todo este tiempo y la ausencia de calor externo, Comenzaba a afectar a mi estado anímico, a mi equilibrio emocional. Necesitaba contacto humano. Ansiaba abrazarme, sonrreir y divertirme con un amigo pero sobre todo, acostarme, amar y despertarme con una mujer.
Estaba siendo acosado por los estragos de la soledad.
Tomé una decisión en firme que mi compañera artificial, compartió con absoluta aprobación.
Digerí la tableta vegetal y el líquido proteínico, correspondiente a mi ración diaria y  Tracé la ruta de vuelta a casa en el mapa de coordenadas, puse en marcha mi nave a media potencia y partí con premura.
Nunca había planeado hacer este viaje solo. Cirunstancias ajenas a mis deseos personales, provocaron que de las dos "cápsulas del sueño", solo una estuviera siendo utilizada en la peregrina. Un accidente en mi vida, aparentemente inexplicable y que no tenía sentido recordar. Eva era una gran compañera, imprescindible de hecho pero al igual que una amiga o un compañero de trabajo, controlado por inteligencia artificial, como un androide por ejemplo. No cumplía ni aportaba, las necesidades básicas de todo ser racional, sensorial y por ende, humano. El cerebro matemático de Eva comprendía esto perfectamente. Era un sitema muy complejo y avanzado de I.A. No obstante era una máquina y no podía en todo caso, sentir o transmitir, emoción de ninguna clase. No recibía ni podría entender jamás, las señales químicas y emocionales que compartíamos casi todos los seres de nuestra especie.

Toda la arquitectura exterior de La peregrina, crujió de satisfacción cuando giramos 355º sobre nuestro eje. Era extraño la verdad porque el casco de la nave era un sofiticadísimo sistema artificial semibiológico, con capacidad para dilatarse, en el caso de alcanzar velocidades cercanas a las de la luz o incluso superiores. El interior no se veía afecado por esta carazterística. La membrana de luz que envolvía la infraestructura del núcleo, nos aislaba de este efecto, mediante un complejo sistema de fuerzas que aplicaban una presión inversa, directamente proporcional al nivel de dilatación de la membrana. Evitaba de esta manera por ejemplo que mi cuerpo se desintegrara por completo o que se convirtiera en un haz de fotones. No obstante, "Eva" no indicó nada en absoluto. Se limitó a indicar que el giro había sido un poco más brusco de lo habitual pero que sus sensores, no habían detectado ruido alguno en la estructura de la nave.
La ansiedad y la falta de sueño, pueden provocar cierto tipo de alucinaciones y no solo visuales, también acústicas. Sonrreí, me relajé en mi Sillón y dejé que Eva se encargara del resto.
Dejamos atrás el cinturón de Kuiper.
Tuve tiempo para pararme unos instantes a contemplar la línea de asteroides del Sistema Solar comprendida entre las órbitas de Marte y Júpiter. Disfruté de la espectacularidad de los anillos de Saturno y reflexioné sobre todos los acontecimientos que la vida, me había regalado en los últimos años. No tardé en Vislumbrar el paraíso, recortado en el horizonte.
-¡Mira Eva!.., ¿Puedes verlo? ¿Sentirlo? ¡Estamos llegando!.
Mientras contemplaba con júbilo la silueta circular y luminosa del planeta Tierra, en la oscuridad del espacio, me di cuenta de que Eva, no había dicho ni media palabra en todo el camino de regreso. Es más, no había contestado a mis últimas preguntas y eso, era algo del todo inusual. Arrugué el entrecejo y trás unos breves instantes, aparté la vista de mi "hogar" dirigiéndola al panel de control. Un ruido extraño había atravesado la estancia como una flecha sónica. Nunca había oído un sonido semejante.
La pantalla líquida, encargada de mostrar todos los datos de navegación, indicaba una clara señal de alarma.  La nave había empezado a perder velocidad hasta detenerse por completo y Eva seguía sin dar señales de vida. Pregunté ansioso por la naturaleza de la avería y el motivo de haber detenido mi nave. El ordenador de abordo no contestó,ninguna palabra apareció en el monitor. El altavoz principal no emitía señal acústica alguna, como si tratara de imitar el silencio del espacio. Las luces del interior del recinto, se apagaron de repente. Las ventanas de proa y popa, se cerraron herméticamente y la temperatura de la Peregrina, descendió varios grados en un instante. El frío que envolvió la sala de control era terrorífico y mi desesperación, por no hayar ni una sola respuesta al problema, no hicieron más que acabar de hundirme en mi asiento. No sabía que hacer, me sentía perdido desamparado y solo.
Fué entonces cuando apareció. Una imagen holográfica Standard, generada aparentemente, por el ordenador principal de la nave, se fué transformando en un perfecto y semitransparente cuerpo humano. El aura eléctrico que emanaba su figura, iluminó parcialmente la estancia con un tono, entre azul metalizado y dorado, muy similar al que emite "la membrana de luz" que envuelve mi navío a modo de escudo de densidad. Era del todo imposible que esto fuera una ilusión óptica o un sueño lúcido. Mi condición de onironauta nato o mi propio adiestramiento como piloto galáctico, me permitía diferenciar  lo que era perfectamente real de lo que no y separar el estado de vigilia, del yo consciente.Lo que allí se mostraba ante mi, no era una alucinación ni un sueño
-¡Martins!.-Los labios de la "membrana humana", pronunciaron mi nombre con un timbre que me era familiar.
-¡E...Eva!..., ¿Eres tú?
-Así es, Dr.Martins. Su voz, sonó más sensual incluso de lo habitual.
Mientras mi fiel compañera, médico personal y segundo de abordo, dirigía su plásmido cuerpo hacia mi posición, mi mente, trataba de unir las piezas fantasmagóricas del puzzle surrealista que allí se estaba gestando. La inteligencia artifical de La peregrina, había logrado generar no se como, una imagen o recreación de la mujer más perfecta y bella que mis cansados ojos habían contemplado en su vida. Después y en un alarde tecnológico sin precedentes, se las había ingeniado para extraer una pequeña parte del fluido orgánico, de la membrana externa de mi nave, a modo de envoltorio y moldearle un cuerpo femenino a mi ordenador de abordo.
Aquello era real. Eva ya no era una simple máquina o un conjunto de datos, ceros y unos. Tenía memoria, inteligencia, un cuerpo escultural y sorprendentemente ¡trataba de seducirme!
Intenté razonar con "ella", con esa especie de ente físico que pareciera nacido de mi propia imaginación, Como respondiendo a algún tipo de necesidad íntima. Traté de comprender lo que estaba sucediendo pero ella, no me dejó articular palabra.
-¡Sshh! No hables.- Había logrado llegar hasta mi y se había colocado entre mis rodillas. Pude sentir el tacto de su "piel" y ese agradable calor lumínico que la cubría. Mi temperatura corporal se estabilizó por completo. Mi pulso se aceleró más de lo recomendable.
-Dr.Martins..., siento comunicarle que de momento, usted no podrá aterrizar en su planeta ni abondonar su nave. El protocolo de seguridad 99/02-1111. Ha decidido que no se encuentra en las condiciones óptimas para la relación interpersonal con humanos de su misma especie, aquí ni en ningún planeta o satélite habitado, conocido. Hemos navegado durante 1095 días, 54 minutos y 17 segundos, a una media de 0,59 veces la velocidad de la luz y esto ha producido ciertos cambios, no solo en su organismo. El exterior, también se ha visto afectado y la información actualizada que han recogido mis satélites, junto al detallado análisis clínico efectuado por "mi misma" en su persona, así lo han confirmado. No se trata solo de una cuestión espacio temporal. Hemos atravesado circuitos interestelares que he tardado en procesar y analizar para obtener un resultado concluyente. Los últimos informes recibidos de la tierra, han terminado de confirmar mis cálculos.

Jamás había oído nada semejante. No conocía de ningún registro que hablara de una anomalía de este calibre o de un caso similar, ocurrido en nave alguna, o descrita por ningún viajero espacial. Traté de averiguar más sobre el protocolo 99, barra 02, guión 1111 pero Eva se negó a facilitarme más datos. Se limitó a posarse sobre mis rodillas y a rodearme el cuello con sus translúcidos brazos. Me miró directamente a los ojos y esbozó una sonrrisa abrasadora, del todo irresistible para luego , casi susurrarme unas últimas palabras, al parecer, contenidas en los códigos de texto del protocolo de aplicación para estos casos.
-Tu estado anímico actual, ha sido producido por el largo aislamiento al que se ha visto sometido en estos últimos años. Mi cerebro inteligente de nivel 9, está preparado para actuar y efectuar, lo que en lenguaje de programación y tratamiento de choque en el espacio, conocemos como; "Flujo cuántico de compensación emocional"-Sé lo que necesita exactamente y como proporcionárselo, Dr Martins. Solo relájese, desvíe cualquier temor e inquietud de su mente y confíe en mi criterio.
Esto era inaudito. No había oído semejante disparate en toda mi vida. No sé que era lo que más me preocupaba o molestaba de la situación. Mi propio desconocimiento de tales procesos de actuación o El hecho de haber perdido todo control sobre mi nave. Algo me decía que "Eva" no estaba diciendo la verdad, ocultando sus verdaderas "motivaciones". ¿Celos? ¿Miedo a perderme si regresaba a la Tierra? ¡era completamente absurdo! y lo que era aún más extraño y del todo imposible. Una máquina no tiene la capacidad de mentir, por no hablar de sentimientos humanos, ni de la transformación de mi ordenador de abordo, en una especie de Show Girl de Látex luminoso.
Mientras buscaba a que aferrarme en esa locura onírico-erótica en el medio de la nada, comenzó a sonar una melodía. Reconocía perfectamente esa canción. "la chica de Ipanema", uno de mis temas favoritos y era La versión original de 1962, compuesta por Vinícius de Moraes
Comprendí resignado que no volvería a la Tierra por el momento. La euforia inicial que había generado la decisión de volver a mi planeta, con mi gente, se había disipado por completo y transitado por distintos estados emocionales contrapuestos, en los últimos minutos. De la tristeza había pasado a la alegría. De la desesperanza a la ilusión del regreso y el reencuentro. Del estupor y el miedo a lo desconocido, a la incertidumbre para finalmente, caer en el dulce foso del deseo.
Fué en ese preciso instante, cuando Eva me besó.